Los datos de los edificios en el corazón de la Smart City

Este mercado representa aproximadamente un ahorro de cerca de 1 billón de euros únicamente en Francia de aquí a 2025.

Según la definición de Octubre de 2015 del ITU-T Focus Group en Smart Sustainable Cities: «Una ciudad inteligente y sostenible es una ciudad innovadora que utiliza las tecnologías de información y comunicación (TIC) y otras más con el fin de mejorar la calidad de vida, la eficacia de las operaciones y los servicios urbanos, y la competitividad, a la vez que se asegura de que todo ello resuelve las necesidades actuales y futuras de las generaciones dentro del respeto de los aspectos económicos, sociales y medioambientales».


Este mercado representa aproximadamente un ahorro de cerca de 1 billón de euros únicamente en Francia de aquí a 2025. 
En efecto, el principal objetivo es optimizar igual de bien los edificios, mediante la gestión de los flujos energéticos o, incluso, con la anticipación de los usos, que las ciudades con el fin de que se vuelvan inteligentes.


Según el informe de Machina Research, patrocinado por Nokia sobre las Ciudades inteligentes (publicado en Noviembre de 2016), existen diferentes vectores para convertirse en «SMART»: 


  • - Las presiones demográficas 
  • - Las presiones medioambientales 
  • - La vulnerabilidad frente a los desastres naturales o la incapacidad de las infraestructuras de la ciudad de gestionar los rápidos cambios sociales y económicos 
  • - Las presiones financieras con una necesidad de hacer «más con menos» 
  • - Las presiones económicas, en especial con el aumento de la competencia (entre las propias ciudades).

En este estudio, se han analizado 22 ciudades de todo el mundo. Según las conclusiones de este análisis, se extraen 3 medios de convertirse en «smarter»


  • - «Anchor route», o «recorrido por anclaje»: se trata de desarrollar aplicaciones autónomas en serie, con el fin de comprobar si funcionan correctamente antes de extenderlas o montarlas juntas para, finalmente, integrarlas. 
  • - «Platform route», o «recorrido por plataforma»: este proceso propone desarrollar primero las infraestructuras y después las aplicaciones. Se trata de una plataforma común para todas las aplicaciones. 
  • - «Beta city route», o «recorrido de una ciudad beta»: en el cual la ciudad sigue experimentando con varias aplicaciones sin un plan definido sobre la forma en que va a llevar sus «aplicaciones piloto» a un desarrollo completo.

Cada una de estas tres posibilidades depende de los recursos, problemas y prioridades de la ciudad. La voluntad de una ciudad de volverse «smart» es hoy en día posible gracias a la importante evolución de las tecnologías y el business plan, entre otras cosas, a través de


  • - Una mejor conectividad 
  • - Nuevas herramientas y paradigmas 
  • - Un aumento de la influencia de modelos de open data en el sector público 
  • - La I+D.

El elemento central de la Smart City sigue siendo los datos (data). Los datos se pueden recopilar por diferentes medios: 


  • - Portales abiertos de datos 
  • - Mercados de datos de pago

En cada una de sus posibilidades, la municipalidad sostiene que un tercero es más adecuado para gestionar los datos y explotarlos, que la propia ciudad.

Las tres fuentes de datos existentes son: 


  • - Los procedimientos operativos de las agencias de las ciudades (por ejemplo, los datos procedentes de las familias). 
  • - Los datos públicos recopilados a través de los ciudadanos mediante aplicaciones para móviles o páginas web. 
  • - El Internet de las cosas (IOT, del inglés Internet Of Things).


Las ciudades orientadas según el Internet de las cosas se pueden clasificar en tres categorías: 

  • - El Smart Living: mejora de la calidad de vida de los ciudadanos 
  • - El Smart Safety: ayuda a la prevención y a la minimización de riesgos 
  • - El Smart Sustainability: reducción de los impactos medioambientales.

Estas tres clasificaciones también pueden constituir en objetivos para la ciudad en su voluntad de ser «Smart». 


Convertirse en «Smart» es posible mediante diferentes medios. Algunas ciudades se concentran en la eficacia operativa de sus servicios municipales; otras en la implicación ciudadana mediante aplicaciones de móvil para los usuarios; en cuanto a otras, se centran en la utilización de los datos para suministrar servicios culturales basados en la tecnología con el fin de volverse más atractiva en términos de lugar de vida y de trabajo.



Según el mismo estudio de Machina Research, una ciudad inteligente madura permite a los ciudadanos, a las empresas, a las ONG y a la propia municipalidad, suministrar y extraer datos, y crear y utilizar aplicaciones basadas en estos datos.


Al hilo de esta última afirmación, podemos por tanto decir que el BIM (del inglés Building Information Modeling) en su forma final y colaborativa está ligada a la Smart City. En efecto, el BIM se introduce en el concepto del Smart Building (construcción inteligente) con la posibilidad de recoger datos técnicos del edificio. Este proceso de construcción tiene también como desafío reducir los costes de construcción y de mantenimiento a todo lo largo del ciclo de vida del edificio.


Como los datos están en el corazón de la Smart City, la maqueta digital BIM, al permitir un acceso a la información del edificio con el fin de adaptar sus usos según lo que se ha hecho anteriormente, es un buen medio de tener una ciudad «smarter».


face Raphaëlle Jerez-Grisel